lunes, 9 de marzo de 2009

Estoy contenta. Desde mi regreso a Buenos Aires, el jueves por la noche, sólo me han ocurrido cosas buenas. Algunas, simples pero importantes, deseos cumplidos. Otras, el resultado de un trabajo de superación personal, como el haberme decidido a estudiar y el poder costeármelo. Hace cinco años llegué a esta ciudad con las manos vacías, dejando atrás 47 años de mi vida, separándome de mis hijas que, aunque adultas ya, para mí eran lo más importante. Necesitaba trabajar, sentirme digna y autosuficiente. Por aquel entonces, por mucho que quisiera, no podía ni pensar en tomar cursos de nada. Hoy, acabo de anotarme en dos, y esto me reconforta.
La última, totalmente inesperada, el reconocimiento por mi lealtad y dedicación de parte de alguien, que sólo debería ser mi empleador, y para quién casi, soy uno más de su familia.
¡Vaya! El sentirse bien, atrae buenas ondas. Estoy verdaderamente apabullada.

Para musicalizar este post, pude haber elegido una canción mucho más alegre, pero esta se me cruzó en el camino, y como yo creo en las causalidades del destino, esta es la que se queda. Además, creo firmemente que nuestro paso por aquí siempre deja algo a alguien. Sólo hay que tratar de ver "qué".

3 comentarios:

mariajose dijo...

bueno lo cierto es que le has echado narices al tema, hay veces que las decisiones que tomamos dan sus frutos al cavo de los años, me alegro un montón que las cosas te vayan bien, es gratificante, por que así miras con mas optimismo otras.
un besote

leticia dijo...

Gracias mariajose. Realmente soy de las que piensa que cuando se toman decisiones, hay que poner manos a la obra de inmediato.

mariajose dijo...

pues si, yo muchas veces tambien me tiro de cabeza, y muchas veces me sale bien, o por lo menos me quedo contenta.
un beso