miércoles, 15 de abril de 2009

Cuando tenía entre 10 y 11 años, vivía frente a mi casa una familia muy numerosa. Una pareja estable, que no sólo había traído al mundo once hijos, sino que había adoptado dos hermanitos, y cobijaban a tres mujeres adultas, que por supuesto ayudaban en las tareas de la casa, pero las cuáles eran como de la familia.
Recuerdo la casa grande, enorme y los dormitorios munidos de cuchetas. Recuerdo el comedor con la mesa gigante, dónde Rosa, la mamá, nos preparaba la merienda; y me incluyo porque yo pasaba despierta, más horas en esa casa que en la mía. Las tazas eran de plastiloza, en un tono rosado en el cuál el color del Toddy, se destacaba como el brevaje más exquisito.
Tenían varios patios y en el último había un "sube y baja". Más allá, un terreno enorme lleno de árboles frutales y un palomar sin palomas, que hacía las veces de cárcel, cuando jugábamos a los vaqueros (porque las nenas también jugamos a eso). Algo curioso: el terreno lindaba con el del vecino, y sólo lo separaba una hilera de ladrillos clavados de canto en la tierra (igualito que ahora).
Mi amiga, María, era junto a su gemelo Publio, la menor de los hijos de sangre. Todas las chicas del barrio nos reuníamos en casa de María para jugar a que hacíamos un programa ómnibus de tv, dónde nosotras éramos los cantantes (hombres o mujeres) del momento.
Rosa tejía todo el día en su máquina y asi vestía a los más pequeños.
Alberto era abogado y tenía un pasado político que yo no alcanzaba a comprender.
Me mudé al comenzar la secundaria y ya no los volví a ver. Uno a uno fueron sonando los nombres de los hermanos en la radio, en el periódico, y en las lenguas aguijoneantes de la gente.
Años más tarde, María y Publio, también caerían en una de las tantas redadas militares.

Vino a mi mente la celebración de las Bodas de Oro de sus papás, la reunión sorpresa, y en el viejo combinado, sonando este señor.

4 comentarios:

Javier.S.H dijo...

La vida está llena de recuerdos, el tuyo es tierno y doloroso a la vez. Quedate siempre con los buenos pues en ellos es donde encontramos la mejor forma de vivir. Gracias por tu apoyo Tilie. Un abrazo.

leticia dijo...

Es que los recuerdos buenos y malos, forman una telaraña muy sutil.
Por nada, Javier.

Javier Caballero dijo...

Dramático recuerdo, reune todo, ternura, dolor, la vida a veces es muy cruel.

A mi gusto tú historia a pesar del final. Con tú recuerdo de alguna manera también los honras.

Tilie dijo...

Pasa que los argentinos que somos de esa generación, hemos tenido, seguramente, una María o un Publio, que nos han dejado una herida en el corazón.
Pero eso no quita que el resto de los recuerdos, sea maravilloso.
Besito, Javi.