domingo, 21 de junio de 2009

Juan Ignacio Silva nunca fue mi candidato para ganar OT, pero si pensé y sigo pensando que debería estar en la final. Uno de los más parejos a lo largo del ciclo, con buena voz muy dulce y armoniosa, buena entonación, y buen dominio del escenario.
Hasta muy avanzado el concurso, Nacho sólo había tenido 1 tema solista, cuando los demás ya habían obtenido entre 2 y 3. El jurado lo criticó por "recordarles" a la Sole: es que realmente su timbre de voz es muy parecido. Después le pidieron que pusiera más voz, cuando a veces, los temas no ameritaban. Ahora ya no les interesa que cante con potencia, sólo quieren sentimientos y dramatización. Lo que nunca pudieron criticarle es su presencia escénica, ni su estilo innovador al interpretar clásicos de nuestro cancionero popular. El tema es que, a Juan Ignacio, sin dar explicaciones muy convincentes, el jurado lo nominó en las dos últimas galas, eso es, al borde de la final.
Y es qué, por más evolucionados que parezcan, ellos, como la mayoría de los habitantes de mi país, no admiten ciertos cambios. Son absolutamente conservadores y estructurados, y este chiquito, en pose o no, les sacude los cimientos.
El jurado ya tiene sus candidatos para la final, hace como cuatro galas atrás, y tiene también al "ganador", un chico de aspecto "normal", al que apoyan incondicionalmente dándole canciones que le quedan cómodas, y al que elogian exageradamente. La maquinaria se arma, se pone en movimiento, y desde todos los flancos se disparan mensajes subliminales para que las masas apoyen o no a los participantes. Algo así como el pulgar hacia arriba o hacia abajo.
El hecho es que esta noche, Nacho puede llegar a dejar la academia a un paso de la final, por algo que puede parecer justo y natural, pero que yo sólo conozco por "discriminación".

Este tema fue para el gusto popular, "el tema de la noche".



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