miércoles, 8 de julio de 2009

En estos últimos días, más precisamente desde el jueves 25 de junio, he escuchado y leído los más diversos discursos sobre la figura de Michael Jackson.
Algunos, se limitaron a comentarios sobre sus cualidades artísticas, las cuáles han sido
reconocidas por la gran mayoría, fueran o no, admiradores suyos.
Pero hubo quiénes sacaron a relucir su vida personal y/o sus acusaciones por pedofilia,
aún reconociendo sus valores artísticos. He leído varias veces la palabra "monstruo", refiriéndose a una u otra, o a ambas.
Sinceramente, su vida personal para mí, es eso: "Su vida personal". A mí no me interesa si era gay, bisexual, o el más macho de los machos. Si se operó diez o diez mil veces, si debía tener el cabello lacio o crespo, la nariz aguileña, respingada, chata, o no tenerla directamente. Tampoco me importa si quería ser blanco o negro o amarillo. Era su vida, y sino, pregunten cuántos fanáticos negros dejaron de serlo por culpa de esto.
Sobre las acusaciones de pedofilia, sólo mencionaré una frase que no se inventó para las series y películas de Hollywood: "Nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario". ¿Conocerán este principio los que llaman monstruo a Michael? ¿Sabrán ellos algo que nosotros, el resto de los mortales, desconocemos? En caso de tener pruebas para esa calificación, ¿no habría que acusarlos por no haber prestado testimonio ante los jueces que exoneraron al artista? Cuidado! No hablo de dudas o sospechas. Con toda la maquinaria que se monta alrededor de algunos famosos para desprestigiarlos, admito que alguno pueda tener dudas, y plantearlas también, ya que tenemos libertad de expresión. Lo que me subleva es la omniciencia basada sólo en la especulación.
Insultan con tanta seguridad y desparpajo a este hombre, que se diría, compartieron su vida muy de cerca, ya que parecen saberlo todo.
Ya lo dijo el líder por los derechos civiles, Al Sharpton, hoy en su funeral: "Michael no era extraño; extraño fue lo que tuvo que soportar".
Michael, según los que si lo conocieron, era un ser sensible, cariñoso, que tenía una conversación amable y humilde. Era alegre y no se dejaba ganar por cambios bruscos de carácter. Y lo que jamás deberíamos olvidar es su extrema generosidad y preocupación por el género humano.
Pero ya nada de esto importa porque se ha ido. La gente seguirá hablando. Surgirán nuevos comentarios. Se plantearán disputas por sus derechos, sus ganancias, la tenencia de sus hijos, y quién sabe cuántas cosas más.
Lo "bueno", por decirlo así, es qué él ya no tendrá qué preocuparse por nada.

De su funeral, me quedo con el testimonio quebrantado de su hija.

De su imagen, con su tierna y aniñada sonrisa.


Y por supuesto, me quedo con su música toda...!

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