miércoles, 15 de diciembre de 2010

En estos días del mes de diciembre, previos a las fiestas de fin de año, siento como si esta ciudad se me cayera encima: la prisa desmedida, la brutalidad, la violencia, el egoísmo y la falta total y absoluta de respeto hacia el prójimo se ponen de manifiesto de una manera más exacerbada que la habitual. No se puede transitar, ni comprar, ni pasear..., nada. Sólo deseo que enero llegue pronto, con la ansiada reducción de la población y su consiguiente calma.

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